CARTA A SANTA CLÓS

Si pudiere escoger después de los cincuenta
quisiera un dulce ser y suave abrigo

Quisiera una mujer con alas de ella
solícita arquitecta de si misma

Quisiera sea impetuosa y al besar deseosa
y al hablar clemente y cautelosa

Quisiera una mujer con dicho simple
que hable con verdad y con cuidado

Quisiera una mujer con voz de oboe
grave, almibarada, recta y melodiosa

Quisiera miel de labios para beberla a litros
boca sempiterna de aguamiel es mi destino

Quisiera una mujer con vista bien certera
que vea de mí, a mi través y me descubra

Quisiera una mujer con ojos rústicos
que vea la vida con dulce desenfado

Quisiera una mujer que se descubra bella
desde dentro hermosa, es lo importante

Quisiera una mujer de risa fácil
ingenio dúctil y sonora carcajada

Quisiera una mujer con humor incrementado
que entienda mi sarcasmo y lo disculpe

Quisiera una mujer que se devele, y así yo entienda
que es mejor vivir con ella que sin ella

Quisiera una mujer (antropométricamente) rebelde
que su hombro quede justo, en el camino, junto al mío
que su independencia sea biológicamente cultivada

que sus pasos, ya pequeños, sean alados y veloces
que los míos, ya por grandes, sean lentos y fugaces
que nuestras velocidades, en fin, sincronicen los latidos

que no se hable de usufructo, que se viva en comodato
que sea de año tras año, de minuto por minuto
que viva de ella y yo de mí, sin saldos insolutos

que sea la medida correcta de todos mis sueños
que los suyos y los míos se confronten suavemente
que sean visiones juntas de mirar la vida, de mirar la muerte

que despida al intrigante y atesore a los amigos
que amable escuche con oídos sordos mis desérticas disertaciones
que vea con educada parsimonia la eterna lucha de conflictos deportivos

que mire a otro lado, cuando en arte trágico, llorar me sienta
que se burle de mí en fortalezas y me acune sutil en débil trance
que me acepte reír en la victoria y la meza amoroso en el desastre

que pase lentamente (o veloz) su vida, aquí junto a la mía
que decida volver todos los días sin amargo dolor y desencanto
que permita volar, si ya soy de ella; lejos, muy lejos, al fin le pertenezco.

Quisiera decirte Nicolás el santo,
que este año que ha pasado
me he portado bien y he sido bueno.
Y si he de esperar hoy tu regalo
que tenga al menos diez (de las doscientas)
de las virtudes explicadas.

Gracias por adelantado
y Feliz Navidad a ti también.
ah ya sabes para despues de los 50